Mis ojos te siguen
Mis ojos te siguen
en medio del silencio
devastados por el tiempo
subyugados por el corazón,
te siguen
sin ruido, amor,
en medio de la niebla
sin saber si sí,
detrás de tu recuerdo,
a tu sombra si no.
Te siguen siempre,
estremecidos,
en busca de tu fuego
no importan las garras,
los dientes o las furias,
siempre te siguen
en medio de la proa,
o sobre las arenas candentes.
Y por si no volvieras...
siempre te siguen.
Así como el río
Así como el río
yo también he ido dando tumbos por la vida
llenando montañas con escombros
que hallaba dentro de mi alma
Quise tomar las estrellas y ocultarlas
donde mis ojos no pudieran alcanzarlas
pero la necesidad de andar por las nubes
me arrastraba sobre el mundo
y deambulaba como un loco
enamorado de la luna
y frenético y lloroso vaciaba mi alma
en cualquier escondrijo donde las sombras anidaban
pero un día llego el silencio
y ya no supe que decir
necesitaba ayuda, auxilio divino,
entonces los caminos que yo había despreciado,
se llenaron de ríos, de mares,
los árboles nuevamente
tornaban a poblar los castillos olvidados,
fastuosa luz bárbara,
fue entonces que salí de las cavernas
e imité lo mejor de Dios:
el amor, la piedad, la misericordia,
y remonté las alturas
hasta que el aire se me hizo irrespirable
y en medio de las nubes,
en lo más sublime,
tocando la cima de los montes eternos,
me abandoné como un paria al viento
y ya no pude regresar.
Recuerdo
Y yo me dormí aquella noche
viendo amanecer tu luz entre los montes
cuando eras apenas una ninfa
que sabía donde golpear
y a pesar de todo
yo te quería más y más
deshiciste los senderos que incendiaron nuestros brazos,
los atardeceres que durmieron en las playas del silencio,
todo lo hiciste fuego
y en el destierro de los bosques
conserve tu imagen serena,
grácil, dulce, salvaje,
pero los caminos que recorrimos juntos
los hiciste ceniza en tu memoria.
Quebrantaste las montañas y nacieron los ríos.
Desconociste tu luz de sierra, de planicie
dime, ¿fueron tan grandes mis errores
para que me desembarcaras en tierra?
Y esta sed vital de ti
no pudo detener la rabia ardiente de tus palabras
y caí envuelto en un mar de fuego,
hecho polvo,
y lo que antes era lluvia
se hizo granizo incandescente en mi pecho.
Intenté detenerte en las costas
pero tu furia había arrasado ya los bosques
incinerando mi corazón
antes que conocieras lo que es el cielo
o la lluvia viva en el desierto
Pero aún así
¡Yo te quería más y más!
¡Si pudiera ser el prado que tu pisas
o la hierba donde duermes
detendría la luna en tus entrañas
y me lanzaría al abordaje de tus naves
con una lluvia de flores en el corazón!
Y no te pude perdonar
Y no pude perdonar el marcharte
abandoné calles, ciudades, hoteles,
me acosté ensombrecido por la luna
y el sol sólo me dio horrores en los parques
y el mundo fue un gigante que se impregnó de ti
y en medio de las playas abandonadas
te esperé como una roca en el silencio
y en la felicidad campesina de tu locura
lo que era un viaje a los astros
se hizo ceniza en las cuevas
y ya no quise acercarme a tus horas
a tus delirios
fui un infeliz viajante de oriente
una bestia de tus templos oscuros
un vacío rumor que recorrió cada calle
un cuerpo que devoraron los años
un guerrero que se llenó de ti
y te defendió del exilio
porque ya eras parte de mi historia
de mi sino
y el universo entero habitó en ti,
en tu silencio,
como un peregrino más enamorado de tus ojos.
Si quisieras
Si quisieras dejar mi nombre entre las nubes
¿qué lo impediría?
Tú, en un principio, dejarías de ser fuego
luego, hablarías con el sol,
le llevarías mares, ríos, cielos,
en los pliegues de tu boca.
Inundarías el horizonte con tu mirada
le darías a la luna mis noches adoradas,
si quisieras.
Buscarías un día sin mis versos
te aferrarías a él en tu vuelo
y cuando hubieras hecho arena mi recuerdo
sembrarías montañas, dientes, garras,
fuegos vírgenes y relámpagos.
Cerrarías los caminos
desenterrarías los exilios
y los precipicios sobre los que tendía mi mano
los llenarías con tu voz.
Jugarías a olvidarme, si pudieras.
Y yo tomaría entre mis dedos
tu vientre inmaduro, indefenso, in creciente
y te haría dudar de lo que quisiera,
si pudiera.
Envolvería tu luz, tu mundo,
con mis ojos, con mis silencios,
y ya no podrías dudar
y si dudarás
negaría tu esencia,
el universo iluminado de mi corazón,
y moriría.
Ya no vengo del sur
Yo ya no vengo del sur
ni los vientos atesoran mis cabellos
como grana en los campos
ni el cielo fulgura sus ojos ante mí.
He perdido la fe en las estrellas
y lo que yo antes llamaba amor
sólo me ha dejado
ceniza en los labios
Yo ya no vengo del sur
ni los mares del norte
desnudan sus olas ante mi cuerpo
y la primavera
/oh, rubia primavera/
ya no habita en la tierra nuestra
donde desnudos yacían nuestros cuerpos
y las horas ardían
en los ojos dorados de los pájaros.
Yo ya no vengo del sur
que es tu morada en libertad
y mi amor
una lejana estrella
perdida en el mar.
Canto que rueda
Así es mi vida
piedra como tú.
Como tú
piedra pequeña
canto que rueda por las calzadas
por las veredas.
Como tú
guijarro humilde de las carreteras
que en los días de tormentas
se esconde en el barro de la tierra
y brilla bajo los cascos,
bajo las ruedas.
Razones
Y por esta y otras razones dejé de escribirte
de buscarte en la cima de los vientos
de invocarte en la tentación de las noches
aunque lo eras todo para mí
la más larga agonía del más triste amor
y cuando al fin amaba tu ausencia
reapareciste desde aquel infierno
donde amaste la pleitesía de las bestias
que se rendían ante ti,
ese era tu consuelo.
Y llegaste una tarde
a morir en los bosques azules de mis versos
y es que creciste
enamorada del vuelo de mis letras
abrazada a la lluvia vital de mi voz
y cuando ya todos se habían marchado
a buscar las estrellas perdidas de la memoria
los girasoles ardientes de tu estirpe
te alcanzaron
te dieron más de ti
de lo que yo nunca podría darte
y es que en este juego de las horas
donde apenas alcanza para un amor o dos,
al pie de los acantilados,
los días crecen como niños abandonados a su suerte.
Yo era un vuelo de alas nocturnas
Yo era un vuelo de alas nocturnas que pernoctaba en el silencio de los bosques, un sosegado murmullo que se deslizaba entre las lindes de los faunos, un sonido impetuoso que desangraba los cascajos y hendía los caminos.
La furia y el sonido! ¡Ese era yo!
Yo era un fuego que vulneraba la noche y estremecía los campos, un rumor incandescente de sordas batallas, un sordo despertar de noches olvidadas, un gemido trasuntando el follaje, un mar embravecido, una montaña hendida en el desierto, un eco que no cesaba nunca, una horda silenciosa.
¡La pasión y la locura! ¡Ese era yo!
No preguntes
Si alguna vez
tu fe se destruye
como estas selvas vírgenes
y preguntas si te quise
¡Sí, te quise!
a ti
que jugaste
en cada hilo de mi corazón,
que derrocaste mis ojos
y
que siempre regresaste
a tus juegos de princesa
a deleitarte con el fuego
de tu misma fórmula secreta,
en el que trataste de instruirme
pero que yo nunca pude aprender
porque no miraba sino con tus ojos
como crecía tu misma voz
enredada en la mía.
De sombra y arena
Tiempo para las penas, amigo mío,
son los meses en que no se siembra
¿ves que la hierba guarda entre sus hojas la flor del día?
sólo debes mirar con detalle
y verás llover la risa perfumada de los cuervos
en la quietud cristalina de los genios
y otro día desataremos la noche llena de faroles
en el vaivén inconmovible de los vasos
y cuando las manías nocturnas de las aves
escapen al consuelo perfecto de nuestros brazos
volveremos a hablar de todo esto
con la callada complicidad de los muertos
porque de todo hicimos recuerdo
para que la vida no nos la arrebatara el tiempo
y volveremos a hablar de tus viejos amores
marinero en tierra
de la niña dulce y su tristeza de lámpara extinguida
de sus ojos de mar y su cutis de atardecer
entonces, ¿cuán distintos y distantes estaremos de hoy?
Nos ocultaremos entre las sombras y las lluvias
para ser un poco lo que fuimos
y seguiremos encendiendo
las noches fastidiadas del recuerdo
que aún seguimos siendo.
Déjame contemplarte
Déjame contemplarte
tú que eres Santo, Santo, Santo,
tú que eres la luz del altar,
déjame contemplar la majestad de tu gloria
porque mi alma se enorgullece en ti.
Tú mismo eres la respuesta,
Librador de todos los temores.
Si hay alguien que pueda compararse a ti
que se ponga en pie: la tierra está desierta.
Tú eres Santo, Santo, Santo.
Deja sonar el cuerno que alaba tu gloria.
Tú eres el Amado, Incomparable,
Tu cumples todas tus promesas, sólo tú,
por eso en ti confío.
Dame tu fuerza, llena mi ser,
recibe mi adoración, sólo Tú,
me postro ante ti, Señor,
por siempre entregado a ti
y es un honor, Jehová.
Que se prolongue por siempre en mi estirpe
tu adoración
que no hay otra riqueza
que Elohim escucha tu oración.
Déjame sentir tu amor puro.
¿Qué se le puede comparar?
Si al final de los tiempos
Tus dedos acarician mi cabeza y dices:
Buen trabajo, buen siervo, buen trabajo.
¿Qué mas he de esperar?
Deja que griten los mares y la tierra
Y consuela mi hambre de ti
Porque en ti y por ti existo.
Aunque digan Yahvé o Jehová
Yo sé que tu me levantaste,
Me sacaste de los bosques,
me bajaste de las montañas,
me hiciste participe de tu congregación,
adorado seas por siempre, Adonai.
Justa alabanza para ti sea siempre.
Y que en lo cielos
los ángeles eleven tu nombre
hasta las alturas que tu gloria merece.
3 comentarios:
Saludos y beso. Cada poema lleno de belleza, es un placer leerlos. Cuidate.
Hola: Te deseo una magica Navidad y un 2012 lleno de bendiciones para ti y tu familia. Gracias por haberme acompañado a lo largo de este año que se va. Te mando un beso a la distancia, cuidate mucho.
Julio, perdona la tardanza en llegar y que delito he tenido perderme este poemario tan exquisito, me ha encantado leer cada poema, pero quiero destacar uno en especial que me ha parecido soberbio, lleno de matices y tan bien llevado que me ha dejado con cierta envida ( sana por su puesto) eso de pensar: porque yo he escrito ese poema?
un abrazo amigo
Se me olvidaba, el poema es De sombra y arena. Lo guardaré en un lugar especial, con tu permiso claro.
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